Cuando una marca evoluciona, su identidad también debe hacerlo.
L'Arancina necesitaba una imagen que reflejara la calidad y autenticidad de sus nuevos servicios y propuestas gastronómicas sin perder la esencia que sus clientes ya conocían. El reto consistía en modernizar la marca, mejorar su legibilidad y crear un sistema visual capaz de adaptarse a cualquier soporte, desde la fachada del restaurante hasta las redes sociales o el packaging.